el canto de una sirena,
la belleza del mar...
y a una linda azucena.
Pero mi alma se rebela
y suspira en soledad,
pues... ella sólo anhela
un poco de felicidad...
Quiero... pero no quiero...
dejar de amar a la luna...
y aquél hermoso lucero
que me dio tanta fortuna.
Pretendo esconder...
el amor que siento...
la luz del amanecer
y las caricias del viento.
Y mi corazón... llora...
de angustia... de tristeza...
por la niña que adora
con toda su naturaleza.
Aunque... mejor morir...
dichoso y enamorado...
bebiendo del dulce elixir
de su aliento apasionado.
Intento olvidar...
el dolor del olvido...
la pena del caminar
y su aire afligido.
A.V. 14-5-14





